Lva Radio

Transmitiendo Vida

Canción actual

Title

Artist

Background

Jesús, El Buen Pastor

Escrito por el 21/08/2020

1.-Oración: Señor, oro por que cada uno de tus hijos te tengamos como el Pastor de sus almas
que quieres ser. Que cada discípulo tuyo podamos hallar nuestra comida espiritual diaria en ti,
y seamos saciados y guiados en la profundidad del conocimiento de tu Palabra. Somos tu
Iglesia, tus ovejas, y confiamos en ti. En el nombre de Jesús, Amén.

2.-Para meditar en la Palabra: “Pero muchos los vieron ir, y le reconocieron; y muchos fueron allá a pie desde las ciudades, y llegaron antes que ellos, y se juntaron a él. Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.” … Marcos 6:30-44

3.-Reflexion: Jesús era maestro. Su carrera, o mejor dicho, su oficio, era de ser carpintero, pero este carpintero no labraba madera, sino corazones de hombres. Su corazón mismo estaba lleno de amor al Padre. Su mayor gozo y comida era hacer la voluntad del Padre. El Padre sería glorificado por medio de Jesucristo. Pero el amor de Cristo no se acababa allí. Ese amor trinitario entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, se comunicaba hacia los hombres por medio del Hijo. Jesús conocía los corazones de cada hombre, y conocía su condición de pecadores. Conocía los pensamientos más íntimos de cada persona y el motivo de cada suspiro. Y aún así caminaba sobre la tierra teniendo compasión de cada uno por igual, y les enseñaba.

Jesús enseñaba muchas cosas (Juan 6:45) a todos los que le seguían. El versículo 34 del capítulo 6 del Evangelio de Marcos nos dice que por todo lo que les enseñaba, la gente se le agolpaba a dondequiera que iba. Esto no era porque sus palabras eran bien dichas, o porque usaba un vocabulario excelente, sino se agolpaban porque sus palabras causaban ruido, ruido
en sus corazones revelando la condición pecaminosa de cada humano en la tierra. Pero la gente no huyó, sino que con hambre de escuchar más a este maestro que predicaba como con autoridad le seguían a donde fuera, aunque solo por curiosidad. Esto fue precisamente lo que causó compasión en el corazón de Jesús. La curiosidad no salvaría a nadie. Es por esto que
Jesús quiso ser su pastor. El capítulo nos relata que al agolparse la gente Jesús vió la necesidad de la multitud y tuvo compasión de ellos. Pero su compasión no era humana, sino divina. Al instante Los Doce le aconsejaron a Jesús que despidiera a la gente para que se vayan a casa a comer y
descansar, (vs. 35-36). ¿Pero cómo? ¿Ellos le aconsejaron a Jesús? ¿Cómo se atrevían? ¡Si este era el Dios de sus padres, el Todopoderoso, el Señor de todo, omnisciente en todas las cosas! Isaías habla de este gran Dios suyo y declara:

“¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?” (Isaías 40:12-14)

Aparentemente estos doce se atrevieron a darle consejo a el Creador, insinuándole a que tenga compasión y los despida. Al parecer, Los Doce hablaban con corazones compadecidos, e insinuaron que tenían aún más que el Señor, pero Jesús, el estándar de toda compasión, sabía lo que hacía.
Así que, Jesús, respondiendo a la gran compasión de los discípulos (vs. 37) les dice que ya que ellos tenían tanta compasión por la multitud que ellos les dieran a todos de comer.

¡Obviamente no podían! Y mucho menos les interesaba darles de comer, pues no eran sus ovejas. Pero vemos aquí la hermosura y la grandeza del amor, de la misericordia, de la compasión tan extensa de nuestro Señor Jesucristo al no responder a la falta de fe con palabras, sino con acción, pues les mostraría a sus discípulos que él es el verdadero y Buen
Pastor.

“Y les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.”

Al leer el versículo 39 es imposible no pensar en unos de los versículos más conocidos de la Biblia.

“El Señor es mi Pastor; nada me faltará.
En lugares de delicados pastos me hará descansar…” (Salmo 23:1-2).
Tan sublimes son las palabras de David que al leerlas o recitarlas es imposible no cerrar los ojos y ver los pastos verdes y delicados donde nos hace descansar. Son estos pastos la comida de las ovejas del Señor. Una comida que no es temporal, sino eterna. Fue entonces cuando Jesús hizo el milagro de multiplicar los panes dando de comer a los cinco mil, “y
comieron todos, y se saciaron,” (vs. 42).

Eran una multitud de más de cinco mil personas y a
cada una no le faltó comer más. De tal manera Cristo cuida de su Iglesia hoy.

A quienes le buscan de todo corazón sacia sus almas y nunca más vuelven a tener hambre o sed. El Señor ha tenido compasión de nosotros, nos vió sin pastor y nos buscó, nos arropó con sus vestidos resplandecientes llenos
de justicia perfecta, y nos hizo hijos de Dios. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de buscar su rostro de todo corazón ahora que somos hijos suyos. Como tales ovejas, el Señor nos puede llevar a los pastos verdes y abundantes, pero somos nosotros quienes comemos el pasto para alimentar nuestras almas. ¿Cómo haremos esto? Escudriñando las Sagradas
Escrituras teniendo en cuenta que ellas son nuestra mayor autoridad y acompañando nuestro estudio con oración sincera y constante delante de Dios creyendo de todo corazón que de hoy y para siempre seremos sus ovejas y saciará nuestras almas hambrientas y sedientas.

 

3.- Alaba a Dios

Marcos Witt- Jesus eres mi buen pastor


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *



Continuar leyendo