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La Paradoja

Escrito por el 02/07/2020

“…A tu Padre que está en secreto.”

(Mateo 6:18)

Que paradoja es la vida cristiana. Nosotros buscamos agradar a nuestro Dios, al Rey de reyes y Señor de señores, al Altísimo y glorioso Rey. Uno pensaría que como a cualquier monarca y persona de renombre le agradaría más que le engrandecieran frente al mundo entero, pero así no es nuestro Dios.

Primero, Dios es Padre de todos los justos, de aquellos a quienes su Hijo amado ha redimido y traído frente al Padre mismo. El fin de nuestra existencia, y más, de nuestra salvación, es adorarle, y sí, engrandecerle. Tal nos dice el Señor que somos la luz del mundo (Mateo 5:14) al conocer y amar su Palabra y enseñarla a todo oído. Pero este mismo Señor y Rey nos deja órdenes de adorarle en lo oculto primero. ¿Cómo? ¿Acaso no es el Dios que queremos que todos reconozcan?

Nuestro Padre está en lo secreto. Al buscar adorarle en intimidad, conocerle cara a cara, buscar su rostro mientras podemos encontrarlo, y hallarlo, Dios se engrandece más. La Biblia nos enseña que la gente reconoce la luz que hay en nosotros por medio de nuestras buenas obras, pues dice, “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen al Padre que está en los cielos,” (Mateo 5:16). Pero obtenemos esta hermosa luz cuando nos arrodillamos frente al Trono de gracia en la soledad. Esta es la hermosura verdadera de estar en lo secreto con nuestro Padre celestial! Nadie sabe de nuestra vida en secreto con Él, pero ven la luz, y se preguntan, y reconocen, que esa luz no es de este mundo, y adoran cuando llegan a entender! !Que bello es el misterio de la comunión con el Padre!

Pero, al no permanecer buscando al Padre en lo secreto perdemos la meta de engrandecer al Padre mismo, y al proclamar que somos hijos de Dios con nuestras buenas obras, adorándole frente al mundo entero, sin tener un corazón en el tesoro correcto (Mateo 6:19-21), terminamos exaltando solo a nuestro apestoso “yo”.

Es una paradoja, como antes mencioné, ser hijos de Dios, pues buscamos adorar a Aquel quien debe ser adorado por todo humano, y aun así guardar silencio al hacerlo. Guardemos silencio frente al mundo hoy y busquemos exaltar al Padre de las luces resplandeciendo aquella luz que hemos hallado al adorar a nuestro Padre que está en secreto.


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